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Liceo Militar "General San Martín" » Grl Don José de San Martín

Grl Don José de San Martín

Sus inicios

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José Francisco de San Martín nació en la ciudad de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, actualmente en la provincia argentina de Corrientes, a la vera del río Uruguay, el día 25 de febrero de 1778.

Su padre, don Juan de San Martín, era el gobernador del departamento; su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco.

En 1784 se trasladó a España con su familia, donde estudió primero en el Seminario de Nobles de Madrid y luego, en 1789, el mismo año de inicio de la Revolución francesa, y con 11 años de edad, ingresó como cadete en el 2do batallón del regimiento de infantería de Murcia. Se graduó de oficial a los 15 años de edad, al ascender a segundo subteniente.  Sirvió en las filas del ejército español durante 22 años.  Estuvo en varios combates, como el de Arjonilla, distinguiéndose en la vanguardia del ejército de Andalucía.  En 1808 participó de la batalla de Baylén contra los ejércitos de Napoleón, que habían invadido la Península.

En 1811 solicitó el retiro militar del Ejército español. En Cádiz conoció a otros militares de América del Sur, Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Francisco Chilavert (padre de Martiniano) entre otros, todos ellos imbuidos con ideas de libertad e independencia.  Desde allí se dirigieron a Londres para embarcarse hacia el Río de la Plata —San Martín lo hacía después de 28 años de ausencia— en la fragata George Canning, donde arribaron a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812.

El gobierno de Buenos Aires aceptó los servicios de San Martín, reconoció su grado de teniente coronel y le encargó crear un cuerpo militar que luego sería el glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo. Ese mismo año se casó con María de los Remedios de Escalada, que pertenecía a una distinguida familia del país y creó la logia Lautaro, cuyo objetivo era la independencia de España.  Logia que no fue masónica, según lo atestigua Bartolomé Mitre: “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político” (MITRE, 1942, p. 176).  El 8 de octubre de 1812, los miembros de la logia encabezaron una revolución que tuvo por objeto remover algunos miembros del Primer Triunvirato. Entonces, pacíficamente, el Cabildo nombró al Segundo Triunvirato, quienes, al poco tiempo, llamaron a una asamblea de delegados de las provincias con el fin de dictar una constitución.

 

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La formación de los granaderos y el combate de San Lorenzo

Como parte de la tradición militar española, atestigua el coronel Manuel Alejandro Pueyrredón, San Martín dispuso una serie de prácticas religiosas para sus granaderos: “Después de la lista de diana se rezaban las oraciones de la mañana, y el rosario todas las noches en las cuadras, por compañías, dirigidas por el sargento de semana.  El domingo o día festivo, el regimiento formado con sus oficiales asistía al Santo Sacrificio de la Misa […] todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña” (Pueyrredón, 1947, p. 79).

El 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo vencieron en un combate, en las barrancas de San Lorenzo, a las fuerzas de desembarco realistas que arribaron con varias naves desde el puerto de Montevideo.

San Martín y Belgrano

En enero de 1814 San Martín tomó el mando del ejército del Norte, de manos de Belgrano que regresaba derrotado del Alto Perú —hoy la república de Bolivia—. El encuentro del Padre de la Patria con el general Manuel Belgrano, al norte de la posta del Algarrobo, hacia el río Juramento, dejó hondas huellas en la vida del Libertador.  Fueron casi dos meses de compartir en el campamento militar.  Belgrano, que era un hombre de mucha religiosidad le dio unos consejos a San Martín, para que los pusiera en práctica en el ejército: «La guerra allí no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre ésta en las virtudes naturales, cristianas y religiosas […] He dicho a usted lo bastante; quisiera hablarle más, pero temo quitar a usted su precioso tiempo y mis males tampoco me dejan; añadiré únicamente que conserve la bandera que le dejé y que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa; deje usted que se rían; los efectos le resarcirán a usted de la risa de los mentecatos que ven las cosas por encima. Acuérdese usted que es un general cristiano, apostólico, romano. Cele usted de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte al respeto de cuanto diga nuestra santa religión. Tenga presente, no sólo a los generales del pueblo de Israel, sino al de los gentiles y al gran Julio César que jamás dejó de invocar a los dioses inmortales y por sus victorias en Roma se decretaban rogativas» (Documentos, 1954, Tomo II, p. 123). Tiempo después dirá San Martín sobre Belgrano: “Es lo mejor que tenemos en América del Sud” (Documentos, 1954, Tomo III, p. 258).

Al poco tiempo de arribar al norte, San Martín se dio cuenta que era imposible llegar a Lima, por el camino terrestre del Alto Perú, en ese momento centro del poder realista. Fue entonces que el Libertador concibió la idea, que luego realizaría con éxito, de cruzar la cordillera y atacar la ciudad de los virreyes a través del mar.

 

La preparación del cruce de los Andes

Una enfermedad lo obligó a pedir licencia, consiguió que lo nombren Gobernador de Cuyo, y partió hacia Mendoza, al pie de la cordillera de los Andes. Allí se repone y comienza a preparar un ejército para atravesar las montañas.

En 1816 envió por la provincia de Cuyo, delegados al congreso que se reunía en Tucumán con órdenes expresas de insistir en la declaración de la independencia. Declaración que se aclamó el 9 de julio de ese año.

Desde Mendoza se dedicó personalmente a la preparación del ejército de los Andes. Todo el pueblo contribuyó con su trabajo y con sus bienes para realizar la peligrosa expedición. Insistió ante el gobierno de Buenos Aires a que autorizara a sus tropas el cruce de la cordillera.

Al igual que hizo con el Regimiento de Granaderos a Caballo, como poniendo en práctica los consejos que le diera Belgrano, continuó con las prácticas religiosas: el Ejército de los Andes rezaba a diario el rosario y participaban de la misa dominical (ESPEJO, 1916, p. 110).  Asimismo el domingo 5 de enero de 1817 hizo jurar como Patrona del Ejército, a Nuestra Señora del Carmen, e hizo bendecir la bandera de guerra en una emotiva ceremonia (Espejo, 1916, p. 445).

Cruce de la Cordillera de los Andes

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En enero de 1817 comenzó el cruce del ejército, alrededor de 4000 hombres, infantería, caballería, artillería de campaña y las provisiones para un mes. El grueso del ejército cruzó dividido en dos columnas, por el paso de Los Patos y por el de Uspallata, y se encontraron en Santa Rosa de los Andes.

El 12 de febrero de 1817, pocos días después del cruce de la cordillera, el ejército de los Andes venció a los realistas en la batalla de Chacabuco y a los pocos días el Libertador ingresó a la ciudad de Santiago. El Cabildo se reunió el día 18 y designó a San Martín como Director Supremo, pero éste renunció al honor y entonces fue electo para el cargo el general Bernardo O´Higgins.

En los primeros días de 1818, un ejército realista desembarcado del Perú, avanzó sobre la capital de Chile. El 19 de marzo, en un ataque nocturno, los realistas derrotan a los patriotas en la batalla de Cancha Rayada en la cual             O´Higgins resulto herido.

Batalla de Maipú

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El ejército unido argentino-chileno se rehízo y el 5 de abril derrotaron completamente a los realistas en la batalla de Maipú, que puso fin a los esfuerzos españoles para dominar el país. En el fragor de la batalla y viendo peligrar el ala izquierda patriota, San Martín ordenó el ataque a la caballería chilena e hizo empeñar su reserva al centro del dispositivo enemigo, a la vez que ordenó un cambio de posición a su artillería.  Fue tan crucial esa determinación que simultáneamente alentó a su tropas diciendo: “Nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Carmen nos dará la victoria, y aquí mismo le levantaremos la iglesia que conmemore su triunfo” (FURLONG, 1963, p. 77).

El camino hacia Lima por mar estaba abierto, pero era necesario crear una flota que no existía. Con algunos barcos capturados al enemigo y otros comprados a los Estados Unidos e Inglaterra se creó la marina chilena que estuvo al mando de los almirantes Blanco Encalada y luego del inglés, lord Cochrane.

La flota parte al Perú

El 20 de agosto de 1820, partió el ejército expedicionario argentino-chileno del puerto de Valparaíso, hacia el Perú.

En el mes de julio de 1821, San Martín entró triunfante a Lima, proclamó su independencia el 28 de julio.  Designado “Protector”, ejerció el gobierno y dictó el estatuto provisional que debía regir en aquel país.  En octubre de ese mismo año instituyó la Orden del Sol, cuyo emblema distingue a los Liceos Militares de nuestro país.

Entrevista de Guayaquil

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Los días 26 y  27 de julio de 1822 San Martín se entrevistó con Simón Bolívar en la ciudad de Guayaquil, hoy Ecuador. Se reunieron los dos libertadores de Sudamérica, del norte y del sur. Conferenciaron a solas y en secreto, luego San Martín regresó a la capital peruana.

El 20 de setiembre de ese año se desarrolló en Lima el primer Congreso del Perú, luego, el Protector renunció a su cargo. El mismo día se embarcó para Chile y meses más tarde cruzó a Mendoza.

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San Martín y sus últimos años

El 3 de agosto de 1823 murió su esposa en Buenos Aires. El 10 de febrero de 1824, disgustado por las guerras civiles en que estaban envueltas las Provincias Unidas del Río de la Plata, se embarcó para Francia con su hija Mercedes. En Europa siguió atentamente las noticias provenientes de su patria natal.  El 23 de enero de 1844 y con plena lucidez intelectual, dictó su testamento, en la cláusula tercera legó su sable corvo a Rosas, expresando: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino  he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. Residió en Europa hasta su muerte, el 17 de agosto de 1850 en la ciudad de Boulogne Sur Mer.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

  1. Documentos para la historia del Libertador General San Martín. Carta de Belgrano a San Martín del 06 de abril de 1814. Instituto Nacional Sanmartiniano. Tomo II. 1954. Documento 163.
  2. Documentos para la historia del Libertador General San Martín. Instituto Nacional Sanmartiniano. Tomo III. 1954. Documento 488.
  3. ESPEJO, Jerónimo, general: El Pase de los Andes. Buenos Aires. 1916.
  4. FURLONG, Guillermo: El general San Martín, ¿Masón, católico, deísta? Ed. Theoría. 1963.
  5. MITRE, Bartolomé: Historia de Belgrano. Biblioteca del Suboficial. Tomo II. 1942.
  6. PUEYRREDÓN, Manuel, coronel: Memorias. Ed. Kraft. 1947.